Por un Servicio Postal en Manos de la Clase Trabajadora : Carteros y Carteras en Pie de Lucha

Por Bianca Morales

Miles de trabajadores y trabajadoras del Servicio Postal de Estados Unidos y Puerto Rico (USPS) vuelven a estar en la mira de los capitalistas. La administración de Trump, liderada por Elon Musk, ejecuta una nueva ofensiva: despedir a 10,000 empleados bajo la excusa de aliviar el gasto público. Pero la intención es clara: privatizar el servicio postal de Estados Unidos.

Esta embestida no es aislada ni nueva. Ambos partidos, demócratas y republicanos, han sido cómplices del proceso de privatización del USPS. Como intermediarios del capital, han entregado el transporte de mercancías y los servicios postales a empresas privadas como Amazon, UPS y FedEx. Año tras año, fueron deteriorando el USPS, un servicio que históricamente ha llegado a los lugares más remotos del país. Ahora, con el nuevo plan de recortes y despidos, esas zonas rurales, dependientes del correo para recibir productos de primera necesidad como medicamentos, serán las más afectadas.

El desmantelamiento del servicio postal público es parte de la política bipartidista de reducir el gasto social para reintegrar a los capitalistas las ganancias que han perdido en esta nueva tendencia de crisis del capital. En 2021, por ejemplo, el USPS despidió a más de 30,000 empleados mientras otorgaba incentivos y privilegios a las empresas privadas de transporte de mercancías.

Este proceso tiene una trayectoria larga, pero uno de sus momentos más decisivos fue en 2006, bajo la administración de George Bush, con la aprobación de la Ley de Responsabilidad y Mejora Postal. Dicha ley arrancó a los trabajadores del correo su derecho a beneficios de salud prefinanciados, obligando al USPS a aportar fondos para 75 años en adelante. Ese dinero fue utilizado para endeudar la agencia y alimentar la especulación en Wall Street con las aportaciones de los trabajadores.

A lo largo de los años, demócratas y republicanos permitieron el cierre de oficinas postales y la reducción de servicios, sobre todo en las zonas rurales donde hay mayores necesidades. Todo este deterioro fue la contraparte de las ganancias privadas de empresas como Amazon, FedEx y UPS, que recibieron contratos millonarios con el gobierno. FedEx, por ejemplo, recibe dinero gubernamental para subsidiar el salario de sus empleados.

Estas empresas son donantes de ambos partidos. Amazon, por ejemplo, gastó $18.9 millones en cabildeo político, y sus ejecutivos financiaron la campaña de Joe Biden. No es casualidad que Jay Carney, exvicepresidente de asuntos globales de Amazon, fuera secretario de prensa de Obama. Por su parte, Fred Smith, CEO de FedEx y republicano activo, donó a la campaña de Trump y del Partido Republicano. En 2022, FedEx gastó $12.6 millones en lobby. UPS juega en ambos equipos, pero mantiene mayor cercanía con los demócratas.

Este andamiaje revela la verdadera función del Estado capitalista: ser intermediario y protector de los intereses de la clase adinerada en el negocio del transporte de mercancías. Muchos políticos son parte de esos mismos grupos empresariales o tienen negocios directos con ellos. Louis DeJoy, ex-director del USPS bajo Trump, es dueño de New Breed Logistics, contratista de UPS. Elaine Chao, ex - secretaria de Transporte de Trump y esposa de Mitch McConnell, líder republicano, está relacionada con UPS, pues su familia es dueña de navieras que adquieren contratos con la empresa.

Hoy, la situación se agrava. Los recortes gubernamentales, los despidos y la eliminación de servicios continúan, todo en beneficio del capital privado mientras las zonas rurales quedan abandonadas y la clase trabajadora pierde derechos y empleos. La ruptura del transporte público de mercancías responde a intereses particulares del capital en cada etapa, y en este momento histórico, la nueva frontera es la inteligencia artificial (IA).

Ante el auge de la IA y la nueva competencia en los mercados capitalistas, el transporte se convierte en una pieza clave de inversión. Los grandes magnates de la IA buscan controlar las rutas, la mecanización de fábricas y almacenes con nuevas tecnologías, donde cada vez se necesite menos fuerza de trabajo. Los recortes actuales responden también a esa estrategia: reducir gastos y mano de obra para reorientar inversiones en los mercados emergentes de la IA.

Este nuevo embate capitalista por reincorporarse a la competencia mundial cuenta con sus representantes políticos de siempre: demócratas y republicanos.

La reacción de los trabajadores no se hizo esperar. El pasado fin de semana, el sindicato de trabajadores y trabajadoras del correo se manifestó en varios puntos de Estados Unidos y en Puerto Rico. En Estados Unidos, los demócratas rápidamente salieron en apoyo, olvidando su complicidad en la debacle que ha provocado la privatización del correo. En Puerto Rico, líderes del Partido Popular Democrático también se presentaron en defensa del USPS, aunque sus actos contradicen sus palabras: ese mismo partido ha privatizado el servicio eléctrico, las telecomunicaciones y ha permitido la privatización de las costas para el desarrollo de complejos de lujo.

Los trabajadores y trabajadoras del correo no pueden caer en la trampa del bipartidismo. Los ataques han venido de ambos partidos porque la neutralidad del Estado es una farsa. El Estado tiene un carácter de clase y sus dos partidos son representantes de distintos sectores de la burguesía.

Ante este panorama de crisis y estancamiento político, la única salida para la clase trabajadora es superar la división y el orgullo y construir la unidad. Es urgente que los y las trabajadoras formen comités para administrar directamente el transporte de mercancías, los almacenes y el servicio postal, en función de las necesidades reales de la clase trabajadora.

La unidad política entre los trabajadores del correo de Estados Unidos y Puerto Rico no solo generaría una fuerza política necesaria, sino que abriría el camino para que ambas fuerzas luchen por convertir el correo en un verdadero servicio social. Desde esa colaboración se puede establecer la necesidad de crear nuestros propios medios de producción en Puerto Rico, con la meta de formar un sistema propio de transporte de mercancías y servicios.

Este esfuerzo conjunto entre trabajadores de Estados Unidos y el Caribe debe dar paso a una planificación económica racional, basada en las necesidades de cada país y no en las ganancias de los grandes magnates.

La tarea está clara: rescatar el servicio postal y ponerlo en manos de la clase trabajadora. Solo la organización y la unidad podrán enfrentar esta nueva ofensiva del capital.

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