Comités comunitarios: la clave para una lucha ambiental desde la clase trabajadora
Por Isabelino Montes
Puerto Rico y el Caribe, aunque divididos políticamente, están unidos bajo el mismo sistema económico capitalista que los rige y los mantiene como territorios de extracción de capital. En este modelo, las islas caribeñas cumplen un papel fundamental en la producción de riquezas, destacándose sectores como el turismo y sus industrias asociadas. Esto implica directamente el uso intensivo de la naturaleza al servicio del capital.
Para comprender la lucha ambiental, es necesario partir del análisis del uso de la naturaleza por la humanidad. La naturaleza ha sido expropiada y explotada por una minoría privilegiada: la burguesía. Atribuir la destrucción ambiental únicamente a la humanidad sin diferenciar clases sociales es un discurso promovido por los capitalistas para desviar la atención de su responsabilidad en la crisis ecológica. Se trata de un problema de clase, ya que la naturaleza es la fuente de toda riqueza, y el sector que la ha expropiado es precisamente la burguesía.
Este aspecto es clave en la lucha ambiental, pues aunque la defensa del medio ambiente nos afecta a todos, se desarrolla desde distintas perspectivas de clase. Actualmente, la clase trabajadora se encuentra alejada de esta lucha. Al no poseer tierras ni medios de producción, su realidad inmediata se reduce a la necesidad de empleo y salario, lo que la hace dependiente del capital y la burguesía. ¿Cómo comprender la lucha ambiental cuando la prioridad de la mayoría es simplemente sobrevivir?
Rincón: cuando la lucha ambiental se enfrenta a la lucha de clases
Un ejemplo concreto de estas contradicciones se observa en Rincón, donde la migración masiva de millonarios ha provocado el desplazamiento de comunidades obreras. Las propiedades han aumentado de valor y las áreas naturales se han privatizado, dejando a los trabajadores sin acceso ni capacidad de permanencia en sus propios pueblos. Esta es la raíz de la oposición a la ciclovía en Rincón: la lucha no es solo contra la tala de árboles, sino contra la destrucción de la zona marítimo-terrestre, un elemento fundamental para la estabilidad ecológica de la isla. Como señala Eliezer Molina, si esta destrucción continúa, el mar terminará tragándose la isla.
Pero esta lucha está llena de matices de clase. Muchos de los que encabezan la oposición en Rincón son estadounidenses con muchisimo dinero que defienden sus propiedade. Su lucha se centra únicamente en sus intereses específicos, mientras que el Movimiento Carey y otros sectores ambientalistas que lideran la lucha han sostenido una resistencia más amplia en distintas partes del país.
Aquí se evidencia una diferencia fundamental: los sectores burgueses ambientalistas no conciben a la clase trabajadora como el sujeto que debe liderar la lucha ambientalista. En cambio, movimientos como el Campamento Cemí tienen la posibilidad de darle un giro radical a esta lucha, integrando a la clase obrera y construyendo una organización política independiente de los partidos burgueses.
La trampa del ambientalismo burgués
El activismo ambiental que no parte de una perspectiva revolucionaria termina siendo un intento por democratizar el capitalismo, sin desafiar su lógica de destrucción. A lo largo de la historia, los intentos de reformas ambientales dentro del sistema capitalista han demostrado ser insuficientes.
Ejemplos como el Partido Verde de Alemania muestran cómo estas iniciativas terminan adaptándose a la maquinaria del capital: promovieron impuestos ecológicos y cooperativas de energías renovables, pero luego terminaron apoyando las intervenciones militares de la OTAN y políticas neoliberales. En EE.UU., los demócratas han impulsado políticas "verdes" que en realidad benefician al gran capital: incentivos fiscales para empresas de energía renovable, reciclaje simbólico y expansión de la industria verde capitalista con autos eléctricos y tecnología "sostenible", mientras continúan la devastación de recursos en el Caribe.
En Puerto Rico, el desarrollo de energías renovables ha sido apropiado por la burguesía como una nueva inversión capitalista. Las empresas privadas reciben incentivos públicos, pero generan pocos empleos y con condiciones precarias. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿qué alternativas laborales ofrece el ambientalismo burgués a la clase trabajadora de Puerto Rico y el Caribe? ¿Bajo qué condiciones?
Aquí radica la contradicción principal: la lucha ambiental de la burguesía ofrece soluciones sostenibles para el medio ambiente, pero insostenibles para la clase trabajadora. Mientras los trabajadores/as dependen de un salario, no se presentan alternativas viables para aquellos empleados en sectores contaminantes como AES, la construcción o el turismo. Se les señala como parte del problema, pero sin ofrecerles una alternativa económica real.
La UTIER, en su momento, exigió el cierre de AES y la eliminación del depósito de cenizas, pero planteando una transición a energías renovables en manos públicas que asegurara empleo digno. Muchos ambientalistas se opusieron a esta propuesta, demostrando que su lucha se desarrolla en un marco burgués incompatible con los intereses de la clase obrera.
Por esto, la estrategia planteada por Eliezer Molina—extender la lucha en Rincón más allá de la tala de árboles y enfocarse en la defensa de la zona marítimo-terrestre—es correcta. Pero esto no es suficiente. La lucha ambiental no puede quedarse en la denuncia del capitalismo, sino que debe traducirse en organización política para la clase trabajadora.
Hacia la construcción de comités de trabajadores y barrios
Si la lucha ambiental no se organiza con una perspectiva de clase, terminará siendo un instrumento del capitalismo verde. Para evitarlo, es necesario impulsar comités de trabajadores y barrios con objetivos claros:
1. Romper con la visión burguesa del ambientalismo y desarrollar una perspectiva obrera para la defensa del medio ambiente.
2. Organizar comités ambientales en toda la isla con un programa político basado en los intereses de la clase trabajadora.
3. Exigir que la construcción de la ciclovía sea gestionada por el Estado, con contratación abierta para trabajadores/as de Rincón y municipios cercanos, garantizando salarios dignos.
4. Implementar un plan de vivienda asequible, donde millonarios en Rincón con más de una casa sean vendidas a precio accesible al municipio o al gobierno para ser redistribuidas a precios razonables a trabajadores/as del área.
5. Impulsar proyectos de construcción ecológica masivos que generen empleo estable y sostenible en la región.
6. Aplicar impuestos progresivos a los millonarios que están en la isla aún contando con más de una vivienda, tanto en Puerto Rico como en el extranjero.
7. Eliminar incentivos como la Ley 60, que beneficia a inversionistas extranjeros mientras desplaza a la clase obrera.
El ambientalismo burgués no representa una solución real para la clase trabajadora. Sin organización política y económica independiente, cualquier reforma ecológica será absorbida por la lógica del capital.
El problema no es solo denunciar el capitalismo, sino construir alternativas de clase. La historia demuestra que las reformas ambientales dentro del sistema solo han servido para redirigir la explotación. La lucha ambiental debe ser obrera y revolucionaria, o será simplemente otro mecanismo para perpetuar el dominio del capital.