Hipocresía y oportunismo: Jennifer González y los fondos para pescadores
Por Isabelino Montes
¡Se acabó la espera! Así anunció la gobernadora de Puerto Rico, Jennifer González, la llegada de los fondos de urgencia para los pescadores de la isla. Con tono de victoria, se presentó como la responsable de conseguir los $7.6 millones asignados desde el 2017 para compensar las pérdidas tras el paso de los huracanes Irma y María. Pero la realidad es otra: ese dinero nunca debió estar retenido. No hubo gestión heroica, solo años de espera en un proceso carente de transparencia democrática, donde los pescadores nunca supieron en qué manos o intereses se encontraba el dinero que por derecho les correspondía.
El oportunismo de la gobernadora es claro. Hoy celebra como si fuera un logro personal lo que debió ser un desembolso automático y justo. ¿Qué hay que conseguir cuando el dinero estaba asignado desde hace ocho años? Solo en un sistema colonial y capitalista se entiende esa espera, donde los fondos primero pasan por el filtro de la Junta de Control Fiscal —ese cuerpo dictatorial— y luego se reparten según los intereses del capital, no de los pescadores.
Las pérdidas de los pescadores ascendían a $8.4 millones. Años de espera multiplicaron ese golpe económico mientras el dinero bailaba en las manos de burócratas y empresarios. Hoy no celebramos las migajas que finalmente llegan, sino que evidenciamos el estancamiento democrático de un país donde el dinero del pueblo no está en manos de la clase trabajadora y, en este caso, de los propios pescadores.
La demanda es clara y sigue vigente: la liberación inmediata de los fondos para mejorar sus condiciones de trabajo y agilizar los permisos de pesca. No fue la voluntad de la gobernadora lo que provocó este desembolso; fue la lucha directa de los pescadores, quienes se manifestaron frente al Departamento de Recursos Naturales para exigir lo que les corresponde. Sin esa organización y presión , nada se hubiese logrado. Y ahora, Jennifer González se proclama vencedora mientras, a la vez, apoya construcciones que destruyen el ambiente del que depende la pesca y la vida de cientos de familias.
Es hipocresía pura. La misma que pretende lavar la cara de los oportunistas de siempre mientras callan y aíslan a los pescadores para que no se unan a la lucha ambiental que se fortalece en todo el país. Porque saben que la unión de los trabajadores —pescadores, comunidades costeras y ambientalistas— le daría una fuerza imparable a esa pelea contra la apropiación capitalista de la zona marítimo-terrestre en La Parguera, Cabo Rojo y Rincón.
La estrategia de los administradores bipartidistas del PNP y PPD es vieja y conocida: comprar con migajas a los sectores trabajadores para mantenerlos fuera de la lucha política y social. No son "brutos" como algunos sectores de la izquierda los llaman sino más bien estrategas que utilizan el apoyo de la clase trabajadora para subsitir las migajas económicas del país suplicando fondos federales.
Este espectáculo mediático no hace más que recordarnos el colapso total de la colonia. Al final, estos administradores coloniales solo reparten los impuestos de la clase trabajadora estadounidense, y sí, también de Puerto Rico. Porque aunque parte de los trabajadores en la isla no paguemos contribuciones federales sobre ingresos, aportamos de manera indirecta a esos fondos. Los payroll taxes, los impuestos sobre la nómina que se descuentan en cada cheque de los trabajadores/as, financian agencias como FEMA y NOAA, responsables de atender los desastres naturales y donde estaba precisamente el dinero de los pescadores.
Además, aportamos con el presupuesto local, construido con los impuestos a los ciudadanos, con los nuevos impuestos tras el huracán y con los impuestos al consumo que también terminan en ese fondo general de donde se sacan partidas para FEMA y NOAA. Entonces, ¿qué celebra Jennifer González? ¿Qué mérito tiene reclamar como logro propio lo que es dinero fruto del trabajo de la clase obrera, detenido solo por la burocracia capitalista?
El dinero para los pescadores no puede seguir en manos del capital. No basta con liberar fondos retenidos. La verdadera tarea es transformar la industria pesquera en un pilar de la soberanía alimentaria del país, en manos de quienes la trabajan y la viven. La lucha de los pescadores es, en esencia, la lucha de toda la clase trabajadora.
Por eso, es urgente y vital que los pescadores se organicen políticamente, que levanten comités de trabajadores pescadores y de barrios, donde la administración de la riqueza que ellos mismos producen esté bajo su control. Solo así se podrá levantar una industria pesquera digna, que garantice la seguridad alimentaria del país y que no esté al servicio de los intereses del capital ni de sus administradores coloniales.
La hora es ahora. La unión de los pescadores con la lucha ambiental es el camino para quebrar el juego de los oportunistas y conquistar el derecho a vivir del trabajo propio, en un país que se respete y se piense soberano.