Lucha ambiental en Rincón: tiene matices de clases que no pueden obviarse
Por Isabelino Montes
La masacre de árboles en Rincón, Puerto Rico, tras la intención de construcción de un paseo ciclista en la playa Indicadores de dicho municipio, le atribuye al gobierno colonial otra condecoración de falta de democracia, mediocridad administrativa, contratos a oligarcas criollos y una desconsideración con el ecosistema que pone por encima el dinero sobre la vida natural de la isla. ¿Estarán conscientes los administradores coloniales de algo tan fundamental y tan básico? Viven en una isla. ¿O acaso la ideología colonial anexionista los ha cegado a tal nivel que creen que, en realidad, geográficamente somos un territorio anexado a EE.UU.? Cualquier cosa puede pasar por la mente de los administradores coloniales. Ya hemos sido testigos de años de muchas barbaridades.
Ahora bien, separando la indigestión mental de los administradores coloniales, lo que está pasando en Rincón en esta jornada de protestas de ambientalistas y comunidades del área ha tocado matices de diferentes formas. Se utiliza el argumento de que son gringos los que protestan y no son gente de Puerto Rico. Es cierto que la Naturaleza es responsabilidad de todos defenderla sin importar quién la defienda. Esta realidad material al final nos salva a todos, pero no se pueden dejar pasar por desapercibidas estas diferencias. En ese sentido, las diferencias, más allá de las cuestiones étnicas de los que protestan, sí tienen matices de clase.
Rincón, por su realidad económica y su composición geográfica llena de montes y playas, contempla una economía basada en el turismo. Antes de que Rincón fuese un centro turístico de gran interés a nivel internacional, era un pueblo que subsistía de la pesca y la agricultura, especialmente el cultivo de frutas tropicales y plátanos. Compuesta por una clase trabajadora y pequeños negocios locales dedicados a la pesca y a la venta de productos agrícolas en pequeños colmados. Siempre hubo una protección por parte de los residentes locales con la naturaleza. Era su sustento principal y su protección era de vital necesidad tanto para pescadores, agricultores y pequeños comerciantes. Un pueblo sencillo rodeado de otros con mayor desarrollo económico como lo es Aguadilla.
Tras el establecimiento de la Ramey Air Force Base en Aguadilla en 1939, la zona recibió muchas personas principalmente provenientes de EE.UU. Luego del cierre de dicha Base Militar en 1973, muchos militares y sus familias decidieron quedarse en Puerto Rico luego de su jubilación como militares y fueron adquiriendo terrenos en pueblos de la zona como Rincón.
En la década del 60, el pueblo había adquirido popularidad en EE.UU. para las personas que practicaban el surfing y aquellos amantes de las actividades recreativas de la naturaleza. Comenzaron a promoverse eventos como el campeonato mundial de surf en Rincón para 1960. Esto marcó un importante punto para la entrada del turismo en el pueblo. Muchas de las personas que venían a estos eventos comenzaron a buscar la manera de comprar terrenos en esta zona abundante por la naturaleza.
Desde entonces y principalmente en la década del 90, el sector inmobiliario comenzó a desarrollarse y la venta de terrenos a precios bajos comparados con EE.UU. hizo que muchos jubilados estadounidenses y personas adineradas compraran grandes cuerdas de terreno. Así comenzó a convertirse Rincón en lo que vemos hoy: de ser un pueblo obrero de pesca y agricultura a ser un centro turístico de villas, restaurantes, Airbnbs y hoteles. Transformando a la clase trabajadora de una productiva a una de servicio.
Estas diferencias marcan a la clase trabajadora versus los estadounidenses que han comprado en la zona. El pueblo encareció su costo de vida y trabajadores comenzaron a perder sus empleos, lo que les era insostenible para establecerse allí. Sobrevivieron pequeños burgueses boricuas y todavía una población trabajadora en las zonas montañosas que han resistido el boom de los Airbnbs o han sido desplazadas a zonas más cercanas del pueblo de Añasco.
Para el 2023, una casa en el interior de Rincón, según estimado, estaba por encima de los $500,000. Más cercano a la zona costera comienzan desde $1,000,000. Esta realidad es interesante porque en perspectiva se establecen panoramas contradictorios en la lucha contra la defensa del medio ambiente y el desplazamiento de la clase obrera. Rincón literalmente era de trabajadores y trabajadoras en su totalidad y el propio negocio del turismo fue desplazándolos. Es un reflejo bien reciente que tenemos de lo que es el desplazamiento por cuestiones del desarrollo turístico para una clase privilegiada.
Rincón puede ser el reflejo de Cabo Rojo con el proyecto Escencia. Esto no lo podemos obviar a la hora de analizar las protestas. Dejarlo a un lado es injusto y la realidad de quienes protestan allí son personas que no han sido desplazadas de sus países mientras la clase trabajadora de Puerto Rico está siendo desplazada. Sus protestas son válidas en cuanto a la defensa del medio ambiente. Solo hay que añadir que tanto locales como extranjeros están defendiendo sus propiedades e inversiones.
A diferencia de otras zonas más urbanizadas, Rincón todavía tiene esencia de su naturaleza y el enfoque de la burguesía de allí es más basado en el mercado ecoturístico. Precisamente esa es la posición principal, no estar en contra de la ciclovía o paseo ciclista, sino más bien construirlo dentro de las leyes ambientales. El negocio del ecoturismo es muy rentable y más en una isla. El boom empresarial de este sector de propietarios y pequeños propietarios es este nicho del ecoturismo.
No podemos pasar por alto esta cuestión de clase bien particular que apoya la protección medioambiental pero con matices de clase que hacen que una ínfima minoría pueda vivir y consumir en la zona mientras otra ha sido empujada fuera de Rincón o a las zonas más alejadas de la naturaleza.
¿Está mal la protesta por esto? Claramente no. Sin dejar el aspecto de clase que la marca, es una lucha ambiental genuina e implica la protección de la zona marítimo-terrestre. Aquí se pone en peligro hasta la propia seguridad de las personas. Así lo ha señalado un pequeño comerciante en sus redes sociales, Pepe García de Rincón Water Safety Organization:
"Como residente, empresario en Playa María’s y miembro de Rincón Water Safety Organization, apoyo el desarrollo sostenible y los espacios recreativos como el Paseo Ciclista. Lo que no apoyo es que una mala planificación comprometa la seguridad de quienes visitan nuestras playas. El muro propuesto en Playa Indicadores bloquearía una de las principales zonas de rescate, impidiendo el acceso de equipos de emergencia en una de las playas más peligrosas de Rincón."
Los pequeños comerciantes y manifestantes han sido enfáticos de que este proyecto data de tiempo pasado y lo único que piden es que se revise. Sin embargo, el gobierno colonial ha hecho caso omiso y envió sus fuerzas represivas a reprimir a los manifestantes y a permitir la tala de árboles. El alcalde de Rincón, como lacayo del bipartidismo tradicional, en vez de posicionarse en contra ya que son los mismos empresarios los que están pidiendo que se revise el permiso, sigue las directrices de sus secuaces más altos y lo que envían es un mensaje al pueblo: quien proteste por detener cualquier proyecto de construcción será arrestado.
Es un mensaje para amedrentar ante el gran proyecto Escencia que buscan construir en Cabo Rojo. Este es el que más les importa y prefieren amedrentar que democráticamente sentarse con los manifestantes a revisar la construcción del paseo de bicicletas para que sea menos destructivo al medio ambiente.
En definitiva, mientras por un lado el bipartidismo es cada vez más represivo y antidemocrático, la lucha ambiental se aleja de la clase trabajadora. Por lo que esta se convertirá en enemigo principal si no tocan los aspectos de clase en la lucha ambiental. La Parguera y Cabo Rojo son ejemplos más cercanos a lo que es una lucha por el medio ambiente pero haciendo aún más partícipe al desarrollo político de clase trabajadora.
En la medida en que estas luchas estén fuera del alcance protagónico de la clase obrera será una lucha que el gobierno colonial desinflará fácil. Los pequeños comerciantes tienen en sus manos con esto del turismo unirse a fomentar el desarrollo político de la clase trabajadora en comités de barrios y centros de trabajo. Mientras que la clase trabajadora tenemos que agarrar estas luchas ambientales para no ser arrastrados por los intereses de la burguesía y pequeña burguesía. Construir un turismo sostenible para el medio ambiente y para nosotros como clase que producimos las riquezas. Sino seguiremos siendo dependientes de desplazamientos por parte de la burguesía que en ocasiones son bajo el desarrollo urbano pero también por otro lado son parte del mercado capitalista ecoturismo.