Por si llega la independencia burguesa a Puerto Rico

Por Isabelino Montes

Si la independencia burguesa llegara a Puerto Rico, la clase trabajadora debe estar preparada con organización política y conciencia de clase. Nos enfrentaremos a escenarios complejos, pero no al apocalipsis que promueven los administradores coloniales y la prensa burguesa. Como trabajadores, haremos lo que siempre hemos hecho: trabajar. La economía se mueve gracias al trabajo, y lo que variará es el contexto social, laboral y económico en el que nos tocará hacerlo.

Una República bajo acuerdos con la burguesía estadounidense, diseñada para favorecer los intereses retrógrados del capital, implicará un desafío. Los capitalistas buscan regresar a condiciones de explotación propias de los inicios del capitalismo. Ya promueven jornadas laborales de hasta 120 horas semanales. En EE.UU., imponer esto de manera generalizada es difícil, aunque lo intentan. En las fábricas, las largas jornadas y la necesidad de múltiples empleos están desgastando a los obreros/as. En la actual guerra económica capitalista, la prioridad no es el bienestar de los trabajadores, sino retomar el control de la producción para que EE.UU. vuelva a dominar el mercado global. Pero esta explotación es más fácil de aplicar en repúblicas burguesas asociadas a EE.UU., como las del Caribe y América Latina.

El interés del capital trasnacional en Puerto Rico nunca ha cesado. La extracción de recursos estratégicos, como el litio y otros materiales esenciales para la tecnología, requiere mano de obra barata. Los países dependientes del imperialismo, como Puerto Rico, son los más vulnerables a aceptar condiciones impuestas por los sectores más reaccionarios del capital. No importa la soberanía formal: lo que gobierna es el régimen del capital y los acuerdos con EE.UU. responden a esos intereses. Por eso, en lugar de temer, debemos estar listos para organizarnos politicamente y combatir.

Quienes promueven la soberanía o la independencia burguesa no lo hacen con una visión de liberación para la clase trabajadora. No son solo independentistas tradicionales, sino políticos ligados al bipartidismo en EE.UU. y en Puerto Rico, que ahora ven la descolonización como un paso necesario para la estabilidad del capitalismo transnacional. Incluso exfuncionarios del sistema colonial reconocen que la transformación del estatus es impostergable. Mientras tanto, los títeres coloniales como "Pablito", representantes del modelo de 1952, intentan aferrarse al Congreso de EE.UU., ahora dominado por republicanos aliados a Trump. Pero la verdad es que su ideología está agotada.

En los pasillos del Congreso y de la Casa Blanca, circulan documentos sobre una posible orden ejecutiva para la descolonización de Puerto Rico. Los sectores independentistas han señalado que la Constitución de EE.UU. otorga amplios poderes a la rama ejecutiva en asuntos internacionales. En teoría, un presidente podría reconocer la soberanía de Puerto Rico sin intervención del Congreso si lo considerara necesario. Elon Musk, principal aliado de Trump, ha expresado su postura sobre el asunto. EE.UU. invadió Puerto Rico en 1898, y la administración de Trump podría reconocer la independencia sin tomar en cuenta la voluntad del pueblo. ¿Le importará a Washington el impacto internacional de una movida así? Poco. Su prioridad es mantener su hegemonía global.

Por otro lado, los administradores coloniales argumentan que la Sección 3 del Artículo 4 de la Constitución de EE.UU. da al Congreso la autoridad sobre los territorios. En este debate ideológico, los independentistas han logrado captar la atención del gobierno estadounidense y provocar colocar el tema en el Tribunal Supremo. Pero para la clase trabajadora, la discusión sobre independencia o anexión no debe ser una cuestión de pasiones. Debemos prepararnos para los escenarios concretos que definirán nuestra realidad.

Uno de esos escenarios es la posible migración masiva de trabajadores alarmados por la incertidumbre política. Ante esto, la clase obrera debe asumir la discusión con responsabilidad y construir una organización política independiente de los partidos burgueses. Necesitamos un programa propio, basado en la creación de comités de trabajadores y de barrios, que nos prepare para enfrentar los desafíos del capitalismo global.

Propuestas para la clase trabajadora ante una independencia burguesa

• Relaciones internacionales desde una perspectiva de clase. Ninguna nación es completamente autosuficiente. Mientras EE.UU. pierde terreno ante China en la competencia imperialista, Puerto Rico debe considerar acuerdos con China en condiciones que beneficien a la clase trabajadora. No se trata de cambiar de amo, sino de aprovechar la coyuntura para fortalecer la economía local bajo administración obrera.

• Energía y desarrollo productivo. China ha invertido más de $17,000 millones en energía renovable en América Latina y el Caribe, mientras que EE.UU. no supera los $5,000 millones. Puerto Rico podría reforzar sus parques eólicos y solares con capital chino, pero bajo administración estatal obrera.

• Recuperación y nacionalización de tierras. Es fundamental que los valles fértiles y otras áreas productivas pasen a manos de comités de trabajadores, sindicatos y cooperativas de pequeños productores. Con préstamos chinos a bajos intereses, se podría impulsar un programa agresivo de soberanía alimentaria, con la clase obrera al frente.

• Reforma fiscal y fortalecimiento del sector público. Se debe establecer un impuesto progresivo del 30% sobre las ganancias de capital de las grandes empresas privadas. Estos fondos extraídos de estos impuestos y cubiertos por ley financiarían exlusivamente la creación de fábricas estatales, laboratorios médicos y centros de investigación agrícola bajo control de la clase obrera.

• Infraestructura comercial y portuaria. Puerto Rico debe adquirir embarcaciones para el transporte de mercancías y reducir costos de importación y exportación. La nacionalización de puertos y almacenes, con la eliminación de la burocracia capitalista, permitiría reactivar el Puerto de Las Américas en Ponce bajo gestión obrera.

• Creación de un banco nacional. Un banco bajo control democrático de la clase trabajadora permitiría manejar los recursos del país sin la interferencia de los monopolios financieros.

Una estrategia obrera ante la crisis del imperialismo

Debemos ser conscientes de que la rivalidad entre EE.UU. y China es una lucha entre dos potencias capitalistas. Ninguna representa los intereses de la clase trabajadora. Sin embargo, en el marco del sistema actual, nuestra estrategia debe basarse en utilizar las contradicciones del capital en favor del desarrollo obrero/a. No podemos permitir que los administradores coloniales nos paralicen con miedo.

Muchos trabajadores/as pueden considerar estas medidas radicales. Pero, ¿qué es realmente extremo? ¿Las propuestas de la clase obrera o la imposición de jornadas de 120 horas semanales sin descanso, como sugieren los magnates del capital como Elon Musk? La radicalidad no está en nuestras manos, sino en la explotación desenfrenada que nos imponen. Nuestra tarea es responder con organización y determinación, para construir un futuro en el que la clase trabajadora no solo resista, sino que gobierne.

Previous
Previous

La independencia no es un juego de abogados: el pueblo trabajador debe ser protagonista

Next
Next

Nexo Debate: El feminismo ha vuelto a su origen burgués: Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora