Los Reuben y el Megaproyecto Esencia: Robo de Tierras al Pueblo de Puerto Rico

Por Isabelino Montes

La amenaza que representa el megaproyecto Esencia en Cabo Rojo ha unificado a diversos movimientos sociales en una sola lucha por la defensa de la zona marítimo-terrestre del país. Organizaciones comunitarias, científicas y ambientales han desplegado esfuerzos conjuntos para educar a la población, llevando a cabo jornadas informativas frente a la alcaldía de Cabo Rojo. Estas acciones no solo buscan visibilizar el impacto ambiental del proyecto, sino también evidenciar las fallas estructurales de un sistema político que sirve a los intereses capitalistas antes que al bienestar del pueblo.

En esta ya obsoleta democracia burguesa, se ha nombrado como secretario de Recursos Naturales a Waldemar Quiles, quien ha demostrado ser inepto y aún más, el lacayo oficial de las empresas capitalistas y los partidos coloniales. Como contraposición a esta barbarie impuesta por las tres ramas de poder en la isla, se han unido Brigada Solidaria del Oeste, Comité por la Verdadera Esencia del Suroeste, Comité Caborrojeño Pro Salud y Ambiente, ISER Caribe y Editora Educación Emergente, para educar y luchar por proteger la zona de Los Pozos y Punta Melones, amenazada por el megaproyecto Esencia.

Las vistas públicas llevadas a cabo por el municipio de Cabo Rojo no son más que un espectáculo manipulado por el dinero que excita a los empresarios vinculados al bipartidismo. Sin embargo, el pueblo se ha desbordado para desenmascarar estas políticas fraudulentas, exponiendo el peligro ambiental que implica el proyecto. Los alcaldes de Cabo Rojo y San Germán actúan como intermediarios de los capitalistas, ansiosos por abrir las puertas a estas inversiones depredadoras.

El megaproyecto Esencia ha sido señalado por múltiples irregularidades, incluyendo la apropiación de 2,044 cuerdas de terrenos en el Barrio Boquerón, bordeando el Refugio Nacional de Vida Silvestre y amenazando la Laguna Rincón, vital para la pesca local y rica en yacimientos arqueológicos. Este enclave de lujo busca excluir al pueblo con hoteles, campos de golf y atracciones exclusivas, privatizando el acceso a las playas y alterando irreversiblemente el entorno.

El Capital en Acción

Detrás de Esencia están los magnates Simon y David Reuben, con un patrimonio combinado de $16,400 millones. Estos empresarios han acaparado 1,350 cuerdas de terreno, valoradas en $127 millones, en alianza con corporaciones trasnacionales como Mandarin Oriental y Rosewood Residences.

El capital local también juega su parte: Ricardo Álvarez Díaz y Cristina Villalón, propietarios de Álvarez-Díaz & Villalón, gestionan el diseño y permisos del proyecto, mientras fortalecen su vínculo con la gobernadora Jenniffer González, demostrando cómo el PNP se pliega a los intereses capitalistas. Esta firma ha sido anfitriona de eventos políticos con la ahora gobernante, evidenciando la red de favores que facilita el avance de proyectos como Esencia.

Este megaproyecto ilustra la unidad del capital, sin importar nacionalidad. La empresa china Mandarin Oriental, con sede en Hong Kong y propiedad de Jardine Matheson Holding, se suma a esta red de inversiones, evidenciando cómo las supuestas tensiones económicas entre EE.UU. y China desaparecen cuando se trata de la expansión capitalista y la explotación de territorios como Puerto Rico. En este punto, se demuestra que el capital no tiene patria, sino que se reproduce donde encuentra oportunidades de acumulación.

El Caribe es visto como una mercancía de turismo de lujo, y en esa lógica, la clase trabajadora queda fuera de la ecuación. Pero el problema no debe reducirse a una lucha entre capitalistas por quién se beneficia del turismo, sino a la construcción de un modelo alternativo basado en las necesidades de la mayoría trabajadora.

Turismo para Quién

El megaproyecto Esencia no solo representa una agresión ambiental, sino también una ofensiva contra la clase trabajadora. Este tipo de desarrollo convierte el Caribe en una mercancía de lujo, excluyendo a los habitantes locales y consolidando un modelo donde solo los millonarios pueden acceder a sus propias creaciones. Tal como lo ilustra la canción "Juan Albañil", interpretada por Cheo Feliciano, la clase trabajadora construye el mundo, pero nunca disfruta de sus frutos:

"Juan Albañil, el edificio que levantaste con lo mucho que trabajaste, está cerrado, está sellado, es prohibido para ti."

Bajo esta lógica, la discusión sobre el turismo no debe limitarse a una batalla entre capitalistas "buenos" y "malos", sino a una transformación verdadera del modelo económico. No puede tratarse de que capitalistas "ambientalistas" quieran ingresar al negocio del ecoturismo solo si pueden ser parte de la ecuación de ganancias.

Las prioridades del país en este contexto histórico deben centrarse en el desarrollo de las fuerzas productivas, con énfasis en un sistema eléctrico robusto al servicio del pueblo. Asimismo, es fundamental fortalecer la producción alimentaria mediante una planificación racional basada en la seguridad alimentaria.

Una vez cubiertas las áreas de mayor importancia económica, la lucha debe enfocarse en la creación de un turismo para la clase trabajadora, subsidiado por el Estado, que garantice el acceso a hoteles y paradores para quienes generan la riqueza con su trabajo.

Las exorbitantes ganancias de los hoteles privados, que se benefician del turismo mientras pagan salarios miserables, deben recuperarse mediante impuestos progresivos que permitan financiar un modelo alternativo de turismo para la clase trabajadora. Este modelo incluiría casas de descanso con servicios terapéuticos, actividades educativas y culturales, campamentos recreativos para los hijos de trabajadores, y una planificación rural y urbana que garantice el acceso y disfrute de la naturaleza para la mayoría del pueblo.

Además, en coordinación con asociaciones de turismo internacional, se promovería un enfoque sostenible donde el turismo sea un derecho social, no un privilegio de lujo capitalista. Esto implicaría la recuperación de balnearios públicos, espacios recreativos en zonas rurales, como terrenos estatales, y la transformación de hoteles existentes en propiedades del Estado, asegurando su uso a bajo costo para el turismo local.

El objetivo es generar ingresos mínimos que permitan garantizar a la clase trabajadora el descanso necesario para mantener su estabilidad emocional y física, contribuyendo así a su bienestar y capacidad productiva. Estas y otras ideas deben ser parte de un proyecto de transformación liderado desde la conciencia y organización de la clase trabajadora.

Construyendo una Alternativa Política Obrera

Para esto, se requiere la organización política de la clase trabajadora de manera independiente de los partidos burgueses. No basta con depender de líderes como Eliezer Molina o los integrantes del PIP, sino que es necesario construir una estructura de comités de trabajadores y de barrios. Estos comités no deben limitarse a la denuncia, sino organizarse para que la clase trabajadora trace su propio destino político.

Estos grupos que hoy educan al pueblo están dando cátedra de democracia, pero la forma de elevar esta lucha no es a través de alianzas con los partidos tradicionales ni con posturas burguesas que solo buscan representar a los trabajadores dentro de los límites del sistema con frentes electorales. La única forma real de avanzar es la construcción de una democracia obrera, donde la clase trabajadora no solo luche por defender su entorno, sino también por conquistar el poder político.

Porque en la lógica burguesa muchas veces se dice que "todos somos trabajadores", pero si esto fuera cierto, ¿por qué no luchar entonces por la toma del poder por la clase trabajadora?

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