Agroecología, voluntariado y lucha de clases: el problema es más grande que las ONG
Por Isabelino Montes
El debate en torno al voluntariado en la agroecología en Puerto Rico ha dejado al descubierto una verdad incómoda: la contradicción de clases dentro del propio movimiento agroecológico. Mientras algunos sectores insisten en presentar la agroecología como una alternativa solidaria al capitalismo, en la práctica, sigue operando dentro de la misma lógica de explotación que rige la producción agrícola tradicional. El problema no es solo el papel de las ONG, sino la ausencia de una estrategia politíca obrera revolucionaria que enfrente directamente la precarización del trabajo agrícola.
En la discusión que han desarrollado Momento Crítico y Bandera Roja, se reconoce que las ONG cumplen una función de contención social dentro del capitalismo. Son estructuras diseñadas para canalizar y mitigar las miserias generadas por la concentración de riquezas en manos de la burguesía. Su función no es resolver el problema de la explotación, sino administrarla de forma más tolerable. Sin embargo, el problema del voluntariado en la agroecología va más allá de su relación con las ONG: radica en una visión de la agricultura que no contempla a la clase trabajadora como sujeto central.
Trabajo agrícola y voluntariado: una visión de clase
El voluntariado en la agroecología ha sido planteado como una forma de formación y participación en la producción de alimentos, pero desde una perspectiva que no responde a las necesidades de la clase trabajadora asalariada. La idea de que alguien pueda darse el lujo de recoger tomates y sembrar de manera voluntaria por ejemplo, es, en esencia, una postura burguesa. En un país donde la mayoría de los trabajadores/as tienen más de un empleo para sobrevivir, es absurdo esperar que inviertan su escaso tiempo en actividades agrícolas no remuneradas.
Aquí se ignora una realidad material evidente: el trabajador asalariado en la agricultura no recoge tomates ni siembra por hobby. No se formaran en agroecología por amor a la tierra, sino porque necesita un salario para subsistir. Mientras los pequeños burgueses y académicos pueden discutir la importancia del voluntariado como herramienta de formación, el proletariado agrícola enfrenta un escenario de explotación brutal.
El problema real: la falta de trabajadores agrícolas y la precarización del sector
Uno de los puntos más críticos que ninguno de los dos escritos aborda es la escasez de mano de obra agrícola en Puerto Rico. En 2022, menos del 2% de la población trabajaba en el sector agrícola, un reflejo de la crisis del trabajo asalariado en la producción de alimentos. Esto responde a múltiples razones, entre ellas la temporalidad de muchas operaciones agrícolas, los bajos salarios y la dependencia de ayudas federales que obligan a los trabajadores a tener varios empleos.
Mientras tanto, el capital ha logrado que la discusión sobre agroecología y soberanía alimentaria gire en torno a la lucha entre pequeños burgueses y monopolios agrícolas, dejando fuera a la clase trabajadora. Las ONG han servido de refugio para los sectores profesionales agrícolas que buscan experiencia, pero su relación con la producción no es la misma que la de un obrero agrícola asalariado. Aquí es donde radica la verdadera contradicción de clase dentro del movimiento agroecológico: el trabajador/a asalariado/ no tiene tiempo para el voluntariado, y los proyectos agroecológicos no están diseñados para integrarlo como sujeto central de la lucha. Los trabajadores agrícolas profesionales son un componente clave en la administración del sector y deben trabajar en conjunto con los trabajadores agrícolas asalariados para la calidad en la producción de alimentos. Ambos sectores deben unirse en el desarrollo de la organización obrera agrícola y, al ser explotados por las grandes ONG, comparten una misma condición: la explotación bajo el régimen del capital y el trabajo asalariado.
Ambos sectores tienen la necesidad de cohesionarse en la lucha política en su denominador común de explotación capitalista.
El problema del socialismo burgués en la agroecología
Parte del problema radica en la visión burguesa del socialismo que permea en los movimientos agroecológicos. Mientras se cita a Cuba, Brasil o Argentina como ejemplos de éxito, se ignora el factor clave en esos procesos: la expropiación de tierras que representan los intereses de la clase trabajadora en cada contexto histórico particular. Sin una transformación radical de la propiedad agrícola, cualquier intento de impulsar la agroecología en Puerto Rico quedará atrapado en el mismo círculo de explotación capitalista.
La lucha contra las ONG, vista desde una perspectiva puramente administrativa, es una batalla entre pequeños burgueses y monopolios agrícolas. La clase trabajadora queda relegada a un papel secundario, sin que se plantee una estrategia real para organizarla.
La izquierda y la romantización de la agricultura
Muchos sectores de izquierda han caído en la trampa de romantizar la agroecología a través de huertos comunitarios y proyectos educativos. Si bien estos tienen su valor, no representan al proletariado agrícola en su totalidad. Ese menos del 2% que trabaja en la agricultura asalariada no participa en proyectos voluntarios, porque su realidad material no se los permite.
Para que la agroecología se convierta en una verdadera alternativa para la clase trabajadora, es necesario que se articule en torno a sus necesidades concretas. Esto implica abandonar la visión idealista de la agricultura como una actividad vocacional y comenzar a tratarla como lo que es: un sector productivo que requiere una organización obrera fuerte.
Hacia una organización política de la clase trabajadora agrícola
El debate sobre la agroecología no puede limitarse a una discusión académica o a un activismo social superficial. Se requiere una estrategia concreta que transforme las condiciones materiales del sector agrícola en Puerto Rico. Esto implica:
1. Luchar por mejores salarios agrícolas y estabilidad laboral.
2. Exigir inversión estatal en la agricultura bajo control obrero.
3. Desarrollar currículos de pesca y agricultura en las escuelas vocacionales públicas.
4. Crear comités de trabajadores agrícolas que administren las fincas estatales.
5. Promover la mecanización del trabajo agrícola sin precarizar aún más a los trabajadores.
6. Establecer almacenes de distribución de alimentos bajo administración obrera.
La mecanización y la automatización del trabajo agrícola son inevitables, pero el problema no es la tecnología, sino el modelo de acumulación capitalista que la utiliza para maximizar ganancias a costa de los trabajadores. En lugar de rechazar la modernización, la clase trabajadora debe apropiarse de ella y utilizarla para mejorar la producción y distribución de alimentos.
Más que un simple debate teórico, se necesita una organización política permanente que unifique a los trabajadores agrícolas, científicos agrarios y estudiantes en un programa de recuperación de tierras y producción agroecológica bajo control obrero. La lucha no puede quedarse en los márgenes de la academia o en los círculos activistas. Si la agroecología quiere convertirse en una herramienta de emancipación, debe dejar de ser un proyecto de pequeños burgueses y convertirse en un motor de organización proletaria.
El desafío está planteado: o construimos una agroecología al servicio de la clase trabajadora, o seguiremos permitiendo que la burguesía administre nuestra precariedad.